miércoles, 22 de agosto de 2007

HISTORIA DE TERROR de Melania Lofredo



Una noche yo estaba estudiando en mi casa con mi familia. Era impresionante el barullo que había, por lo que tuve que subir a mi habitación.
Pasadas unas horas, me fui a dormir, estaba muy cansado sobre todo porque había estado estudiando desde la mañana. Fui al baño. Cuando estaba por salir escuché como unos extraños ruidos, era la primera vez que me sucedía esto. Los ruidos eran tenebrosos, quise salir del baño para fijarme, cuando me atreví a vi a un chico. Me acerqué asustada pero, misteriosamente él se fue. Yo no sabía si había sido mi imaginación.

Fui corriendo a contarle a mi familia lo que me había pasado, pero todos empezaron a reírse a carcajadas. Nadie me creía, hasta ya me trataban de loco. No podía entender, era la verdad y no sabia cómo reaccionar ante esto.
Al día siguiente, mi hermano me contó que le había sucedido lo mismo. Pensé que era un chiste, pero cuando se lo dije me lo negó, le había pasado de verdad. Yo no sabia en qué creer porque el día anterior mi hermano había estado riéndose y tratándome como a un loco. Decidí creerle, ya que sabía lo que se sentía cuando a uno no le creían. Lo estuvimos charlando, y llegamos a un acuerdo. Nuestra abuela, que era la propietaria de la casa vendría la semana que siguiente, pues le contaríamos todo.

Era lógico que algo debiera saber ya que había vivido allí desde bastantes años atrás.
Mientras tanto nosotros estábamos atentos a cualquier ruido, y a cualquier movimiento. Se cumplió la semana, y nuestra abuela regresó. Le contamos todo con detalles. Ella nos respondió de manera entendimos todo.

Hacía mucho tiempo, cuando ella vivía en la casa, había habido una muerte. Un niño que había entrado a la casa porque se le había ido la pelota. Desde ese dia, del niño no se había sabido nada, por eso todos presentieron que algo extraño, algún asesinato había ocurrido. Mi abuela había visto varias veces a ese niño que nosotros le describimos. Era un espíritu que se había quedado en esa casa, porque no estaba descansando en paz. Por lo tanto ya no tuvimos miedo porque sabíamos la verdad y nada nos causaba temor. El niño no apareció más. Nuestra abuela nos dijo que cuando uno se enteraba de la verdad, él no se manifestaba más.